Mexico Quarterly Review

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Psicología

Cuatro factores que motivan el divorcio en las parejas mexicanas


Four factors that cause divorce in Mexican couples


Andrea Limón Fonseca

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Resumen:

El estudio de la ruptura matrimonial recibe desde hace años atención especial. En este trabajo se analizó, en una muestra de personas divorciadas en México, 24 mujeres y 17 hombres, con un rango de edad entre los 25 y 65 años de edad, los factores que motivan a las parejas al divorcio. Se consideró que los principales factores son la falta de comunicación, la infidelidad, los problemas económicos y la violencia. Estos factores fueron divididos en psicosociales, económicos y sociodemográficos. Los resultados muestran que estos cuatro principales factores tienen igual importancia tanto para las mujeres como para los hombres. Asimismo la muestra demostró que la falta de comunicación, los problemas económicos y la violencia son los factores más comunes por los cuales las personas se divorcian. Por otro lado, surgieron otros factores, como lo son la confianza, el abuso de alcohol y otras sustancias, la diferencia de estatus socioeconómico de las parejas, entre otros.

Abstract:

The study of marital breakdown receives special attention for years. In this work, it was analyzed, the factors influencing the Mexican couples to divorce. The main factors considered in this work are the lack of communication, infidelity, economic problems and violence. These factors were divided in psychosocial, economic and socio-demographic. The results show that the four main factors are equally important between women and men. Also, the sample showed that the lack of communication, economic problems and violence are the most common reasons for divorce. On the other hand, new factors appeared, like confidence, alcohol abuse and other substances, difference in socioeconomic status among others.


Palabras clave: Palabras clave: divorcio, falta de comunicación, infidelidad, problemas económicos, violencia.

Key words: divorce, lack of communication, infidelity, economic problems, violence.

INTRODUCCIÓN
Sandoval (1996) afirma que el divorcio es un intento por resolver los conflictos que se dan por las exigencias de la vida marital. Mientras que Westman y Cline (1973) señalan que el divorcio es una medida drástica que los esposos toman cuando el matrimonio no funciona y esto afecta directamente a la pareja, ya que se altera el estilo de vida de las personas involucradas, debido a que el divorcio va acompañado de sufrimiento y perturbación. Por otro lado, según Bloch (1994) existen ciertos factores que propician el divorcio: la calidad de relación de pareja, el número de hijos, así como su sexo y edad, la situación económica, las expectativas de la pareja a corto plazo y largo plazo, su vida laboral, su preferencia socioeconómica y cultural. Asimismo, Rincón (1994) menciona ciertas características que hacen que la pareja sea más propensa al divorcio, como lo es contraer matrimonio entre los 15 y 20 años de edad, debido a que los cónyuges no están preparados para llevar a cabo los roles que les corresponden, tener una religión diferente a la del cónyuge, contar con la desaprobación de los padres y amigos de la pareja, así como contraer matrimonio por causa de un embarazo. Napler (1994) establece que existen ciertos patrones que llevan al rompimiento marital, en donde uno de los cónyuges busca cercanía y reafirmación, mientras que el otro, busca la separación y la independencia debido a que este tipo de parejas no se casan de manera accidental, sino por una necesidad de definir sus necesidades separadas en relación al otro. La ruptura de parejas en muchas ocasiones se debe a que el hombre, desde pequeño es educado como un elemento activo que abandona el hogar, mientras que la mujer raramente se aleja del compañero y los hijos (Garza, Caracho, Manautou, Garza, Margain, Khoury, 2006).


La causa de divorcio no es una cuestión baladí a la hora de negociar entre la pareja las condiciones específicas del mismo. Primero, porque determinados comportamientos pueden, una vez asumidos, culpabilizar al sujeto y hacerle menos proclive a la discusión. Después porque comportamientos específicos pueden utilizarse en su contra una vez que la pareja está inmersa en el proceso en el proceso judicial e incluso en los que posteriormente se puedan generar (Moncó, 2010). Sin duda, por encima de las razones personales de cada uno, e incluso de las interpretaciones o las objetivaciones que el sujeto realice, un divorcio es siempre doloroso (Moncó, 2010). La dureza del divorcio, su tardanza, la justicia o la injusticia con la que el sujeto se siente tratado, la situación personal e incluso ciertos caracteres de la propia personalidad pueden aumentar la dificultad de esta situación hasta grados realmente notables (Moncó, 2010).


Estudios recientes que hablan sobre ruptura conyugal confirman hallazgos clásicos o conjeturas clínica relativas al carácter multifactorial del conflicto conyugal y a sus efectos dañinos sobre el individuo, su familia y la sociedad. Por ejemplo, el alcoholismo es más frecuente entre los separados, la longevidad es mayor en miembros de parejas bien ávidas, los miembros de parejas desintegradas son más propensos al suicidio, la depresión se asocia con el conflicto y la ruptura conyugales, los desórdenes de ansiedad son más comunes entre los miembros de parejas en conflicto, la productividad laboral se deteriora en la personas con malas relaciones de pareja, y en general, la calidad de vida es significativamente mayor en los integrantes de parejas funcionales (Sánchez Sosa, 1997).



Por otro lado Brenton (1994) afirma que para tener un matrimonio duradero y satisfactorio es recomendable que la pareja haya finalizado sus estudios, se casen después de los 20 años de edad, que la pareja se conozca por lo menos 9 meses antes de contraer matrimonio y que los padres de la pareja estén de acuerdo con el compromiso. Levinger (1999) afirma que los cambios culturales han permitido la disolución de matrimonios infelices, incrementando así que los miembros de las relaciones se tornen menos tolerantes a las irritaciones que surjan dentro de su matrimonio.


Otro factor importante que hay que tomar en cuenta es que la mujer contemporánea se ha desarrollado en el ámbito laboral, dejando a un lado el interés único del bienestar emocional de su matrimonio, buscando una colaboración por parte del hombre en los roles estereotipados como femeninos (Garza et al 2006). Colleman y Hammer (1992) afirman que el divorcio despierta en la pareja sentimientos de fracaso, que es una de las tareas más importantes de la vida, teniendo como consecuencia una sensación de inadecuación personal y auto evaluación, desilusión, depresión, soledad, tensión, culpa, alteraciones en la vida sexual y problemas económicos.


De acuerdo con la literatura consultada, en México los factores de divorcio más sobresalientes para llevar a cabo el divorcio son la violencia, la falta de comunicación, la irresponsabilidad, la infidelidad, el abuso del alcohol, el mal acoplamiento, adversidad económica y los celos. Asimismo, las implicaciones pueden ser de índole económica, social, personal y jurídica. En este trabajo, con base en lo observado y por resultar de mi total interés, solo analizaré 4 de estos factores, los cuales son la falta de Falta de comunicación: Es la imposibilidad de expresar o decirse mutuamente lo que sienten o lo que piensan. Infidelidad: Es la relación fuera del lazo conyugal que uno de los miembros establece con otra persona, y con quien obtiene no solamente una relación sexual, sino también una relación de tipo amorosa. Esta puede ser a corto o a largo plazo. Problemas económicos: Es la falta o carencia de recursos económicos dentro del matrimonio y como resultado se presentan serios problemas financieros que afectan la relación de pareja, así como se también se pueden presentar conflictos en relación al gasto y administración del dinero. Violencia: El acto de abusar de la fuerza o autoridad para dañar, perturbar o agredir, ya sea física o verbalmente a la pareja.


Falta de comunicación

La comunicación es un proceso que cumple dos funciones principales, en primer lugar, la autorregulación de la relación en cuanto a su papel en la solución de problemas permite estructurar el manejo de situaciones buscando alternativas, implementándolas y evaluando el resultado, la segunda es la motivacional, que hacer referencia a la satisfacción de necesidades emocionales y afectivas (García Padilla, Ballesteros, Novoa, 2003) El papel de la comunicación en las relaciones íntimas ha sido abordado por la investigación psicológica y social desde hace más de 30 años. Dentro de este campo, se ha prestado especial atención a los patrones y estilos de comunicación presentes durante el intercambio simbólico llevado a cabo por las parejas (Sánchez, Díaz-Loving, 2003), sin embargo, los problemas de comunicación dentro de la pareja suelen definirse como uno de los principales factores de conflicto. Algunos estudios han encontrado que son las mujeres las que se quejan más que los hombres en relación a problemas de comunicación (Wolcott 1999). Algunos otros también han reportado acuerdo entre los géneros para esta dimensión. Tales diferencias pueden estar relacionadas en cómo los factores son expresados e interpretados dentro de códigos específicos. Por ejemplo, Burns (1984) incluyó la falta de intereses en común en la categoría de falta de comunicación (Wolcott 1999).

Por otro lado, existen situaciones internas y externas que hacen que la comunicación entre la pareja se deteriore. Las primeras se presentan cuando no se le reconoce al otro sus propios valores y no busca los momentos oportunos para decir las cosas, por lo que puede llegar a provocar agresiones verbales y discusiones, en vez de lograr una comunicación respetuosa, abierta y sincera. Mientras que la segunda sería un situación como el distanciamiento a causa de vivir en diferentes lugares, ya que esto provoca que la pareja se pierda de experiencias de la vida diaria, como son sus inquietudes, gustos, temores, ilusiones, de lo que cada uno lleva dentro de si. Mientras no exista una buena comunicación, habrá reconciliaciones poco duraderas en la pareja, porque repetirán las mismas fallas de antes. Esto hará caer a la pareja en una falsa tolerancia, nada saludable para la relación, debido a que propicia que cada uno viva su vida en forma independiente, hasta que esto termine en divorcio. También puede llegar a existir conflictos en la comunicación debido a que cada persona, ya sean hombres o mujeres, perciben las cosas de diferente manera; ellos son objetivos, directos, literales y dicotómicos; mientras que las mujeres son subjetivas, indirectas y ambiguas, tienen mayor flexibilidad en sus opciones y utilizan la intuición (García, 1998) La comunicación de la pareja se ve afectada por la depresión y por las señales de socorro dentro del matrimonio. Según estudios de Heene, Buysse y Oost (2005) la presencia del estrés en uno de sus miembros tiende a una comunicación conflictiva disfuncional a mantener una conducta negativa respecto a la solución de sus problemas haciendo de la comunicación aún más negativa y corrompida (Garza et al 2006).

Además, el tema que más literatura ha generado en relación con los patrones de comunicación es el de las diferencias de género. La evidencia demuestra que las mujeres son más tendentes a expresar el afecto negativo y las quejas durante una discusión, mientras que los hombres tienden a retirarse o evitar la discusión. Este patrón diferencial de comunicación para hombres y mujeres parece ser más consistente en los matrimonios con conflicto (Montes-Berges, 2009). En cuanto a la necesidad de que la pareja sea o no matrimonio o pareja estable para que presenten este tipo de patrón de comunicación, existen estudios en ambas direcciones. Mientras que algunas investigaciones han demostrado que este patrón es únicamente propio de matrimonios sin que aparezca en fases de noviazgos, otros aseguran que en parejas estables que no viven juntos este patrón también se tiene más frecuencia de uso. Otros estudios han estado encaminados a dilucidar cuales son los patrones de comunicación usados en relaciones de citas, o a relacionar el uso diferencial de los patrones de comunicación con otras variables más diversas como la incidencia de depresión de uno de los miembros de la pareja (Más frecuentemente en la mujer) o con la existencia de posibles relaciones entre el uso de uno u otro patrón de comunicación y la existencia de desórdenes de personalidad o de hostilidad manifiesta (Montes-Berges, 2009).

Infidelidad

Socialmente, se piensa que la infidelidad es el resultado de las crisis de la pareja, y esta no es solo sexual, pues el cónyuge infiel busca aspectos que su pareja no le brinda y estos pueden ser intelectuales, físicos y/o emocionales. Cuando existe infidelidad en la pareja, la víctima presenta una serie de sentimientos negativos hacia su persona. Al descubrirse la infidelidad, es natural que se llegue a sentir dolor, pérdida de autoestima, angustia y rabia. Al estar experimentando estos sentimientos lo más lógico es que la persona quiera ponerle fin a la relación, sin importar las consecuencias a terceras personas (Garza et al 2006). La infidelidad a menudo connota una deterioro en la esfera del matrimonio asociado con la perdida de amor, confianza, indiferencia y separación (Wolcott, 1999). La infidelidad depende en gran medida de la elección de la pareja. De acuerdo con Lee aire (1986), esta decisión se lleva a cabo tanto por factores conscientes como inconscientes y además, restringidos al medio donde habita cada individuo, es decir, la elección no es al azar, sino que se determina de acuerdo con las actividades realizadas, que permiten conocer o relacionarse con otras personas. Es más fácil que las personas se sientan atraídas hacia personas que realizan el mismo tipo de actividad o comparten gustos similares, que hacia aquellas con quienes no tienen los mismos marcos de referencia (Garza et al 2006). La infidelidad no es el factor desencadenante del divorcio. Confirma lo dicho por Tordjman (1989), respecto a que es una gran prueba para la educación tradicional a la que estamos sometidos. Es muy tolerada la infidelidad masculina, pues existen creencias que la sostienen tales como pensar que el hombre es más potente, con mayor necesidad sexual. Dentro de la sociedad mexicana existe el mito de que el hombre debe ser fuerte, racional, mujeriego y con éxitos sociales más públicos que privados, lo cual de cierto modo justifica la infidelidad (Garza et al 2006). Sin embargo, el impacto de la infidelidad como motivo de divorcio puede depender de la importancia que individuo le dé (Wolcott, 1999).

Violencia

Entre los factores de divorcio, encontramos las conductas de violencia familiar cometidas por uno de los cónyuges contra el otro, o hacia los hijos de ambos o de algunos de ellos. Asimismo, el incumplimiento injustificado de las determinaciones de las autoridades administrativas o jurídicas que se hayan ordenado tendientes a corregir los actos de violencia familiar hacia el otro cónyuge o los hijos, por el cónyuge obligado a ello. Este factor de divorcio conlleva dos aspectos, por un lado el desacato a una orden de autoridad que amerita una sanción y, por el otro, proteger la integridad física y psíquica de los miembros de la familia (Instituto Aguascaltense de las Mujeres, 2007).

La violencia en la pareja es una práctica universal, porque no distingue edad, estrato socio económico o cultural, nacionalidad, religión, raza, orientación sexual o antecedentes personales, tampoco años de convivencia ni número de hijos. La violencia puede clasificarse en maltrato físico o daño corporal. El psicólogo considera que ante la causa de una herida en los sentimientos del individuo, la consecuencia es el miedo, la humillación y el maltrato sexual que obliga a la víctima a realizar actos no deseados, abandono, cuando no se cumplen las obligaciones de cuidado y atención y financiera, la cual se refiere a apropiarse o destruir el patrimonio de la pareja (Garza et al 2006). Dentro de la violencia existe una situación cíclica que se desarrolla en tres fases, la primera se caracteriza por la acumulación de tensión en las interacciones, en donde existen golpes menores y se incrementan los celos, posesión y opresión. Aquí la victima niega la existencia de cualquier tipo de violencia o maltrato. La segunda se caracteriza por el descontrol y la inevitabilidad de los golpes, en donde la víctima se muestra sorprendida ante la presencia imprevista de estos. Y por último la fase del arrepentimiento. La víctima tiene la esperanza de que el compañero violento cambie, y esto provoca que continúe recibiendo abusos. La violencia en el matrimonio ejercida por los hombres es propiciada por diferentes factores tanto internos como externos. Como factores internos se encuentran la predisposición aprendida hacia la violencia. Las personas que provienen de un hogar violento ven el uso de la violencia como respuesta para la resolución de problemas. La dependencia del alcohol y otras drogas. El uso de estas sustancias solo ayuda al abusador a minimizar su responsabilidad personal por estar en estado inconveniente. El problema realmente radica en un mal uso de manejo de estrés, así como la falta de expresión. Culturalmente se espera que los hombres sean fuertes emocionalmente, sin llegar a demostrar sus sentimientos, y usan la violencia como su medio de comunicación de hacer expresar su poder y masculinidad. Los hombres violentos no tienden a ser asertivos, debido a que pierden su locus de control interno en situaciones amenazantes (Garza et al 2006). Los factores externos para ejercer la violencia son el económico, ligado con problemas laborales como el desempeño o la insatisfacción laboral, lo que provoca que se desquiten con la pareja recurriendo a la violencia (Garza et al 2006). Los terapeutas de pareja han reportado que entre el 40% y 60% de las parejas que buscan terapia han experimentado episodios de violencia en sus relaciones y solo entre el 6% y 10% de los clientes consideran a la violencia como un problema.

La violencia propicia muchas veces inestabilidad emocional en la pareja y en la familia, divorcio, desintegración familiar y efectos en los hijos, que se pueden reflejar en un bajo rendimiento, deserción escolar, incorporación a un mercado laboral precario, así como posibilidades de sufrir abuso sexual, caer en la prostitución o incurrir en actos delictivos (IAM, 2007)

Problemas económicos

Respecto a los problemas económicos, Ojeda (1989) observa que aun cuando el divorcio y la separación ocurren en todos los grupos sociales, muestran distinta intensidad entre los mismos. La mayor se da entre las mujeres cuyos esposos o compañeros son trabajadores no asalariados en el sector no agrícola, campesinos o trabajadores asalariados agrícolas, mientras la intensidad menor se presenta entre la burguesía y la pequeña burguesía, el proletariado típico y el no típico (Ojeda y González, 2008). Ahora bien, el nivel educativo de la mujer y su incorporación al mercado laboral tienen una relación positiva con la probabilidad de disolución. Las mujeres con mayores niveles educativos y las que trabajaron antes de la unión tienen mayor riesgo de terminar de manera voluntaria su unión (Ojeda y González, 2008). La misma relación guarda el tamaño de lugar de residencia: a mayor número de habitantes en la localidad de nacimiento o de residencia, mayor la probabilidad de disolución (Ojeda y González, 2008) El número de hijos también ha sido relacionado de manera inversa o negativa con la disolución de las uniones. Solís y Medina (1996) aseguran que las parejas con mayor número de hijos tienen menor probabilidad de disolución.

Por otro lado, los problemas económicos pueden aumentar el aislamiento, el estrés emocional, la depresión y la baja estima de sí mismo, que, a su vez, pueden generar o afectar las tensiones matrimoniales (Wolcott, 1999). Agencias de asesoramiento matrimonial y apoyo familiar han sugerido que las tensiones financieras tienen un impacto negativo y las relaciones y la vida de familia (Wolcott, 1999). La manera en la que las finanzas son manejadas en el matrimonio puede representar problemas de fondo de poder y autoridad en una relación que puede contribuir a una insatisfacción en general (Wolcott, 1999).

En un estudio sobre dinámicas familiares en México, se encontró que un 14% de las mujeres que eran jefas de hogar, quienes eran la principal fuente de ingresos económicos de sus hogares, afectaba sus relaciones conyugales que concluyen en divorcio o en separación (García, 2006). La redefinición de los papeles en las familias mexicanas ha generado frecuentemente conflictos puesto que, puede observarse que por un lado, la esposa cambia sus expectativas y espera por parte del esposo un cambio en el mismo sentido, pero, por otro lado, el esposo puede resistirse al cambio. Algunos estudios en México (Esteinou 1996) y otros de mayor envergadura en otros países (Barbagli 1990; Cherlin 1992) han señalado que los conflictos nacen sobre todo cuando los esposos continúan comportándose como si no hubiera cambiado nada y siguen manteniendo como expectativa la división tradicional de papeles y de poder. Lo anterior supone la presencia entre la pareja de dos códigos culturales que entran en conflicto (Esteinou, 1996). En consecuencia, dicho proceso implica ajustes, tensiones, conflictos, e incluso puede conducir a la disolución de la pareja. En este sentido es interesante observar lo que ha sucedido en otros países en donde este tipo de familia es mucho más frecuente. Algunos autores (Barbagli 1990) han observado que el hecho de tener un buen trabajo por parte de las mujeres se ha vuelto tan importante que ya no tiene el peso vinculante que antes tenía en el matrimonio y la familia; la posición e identidad social de una persona dependen menos que antes del matrimonio y de la familia y más que antes del trabajo; esto es consecuencia del aumento de la centralidad del trabajo y de la disminución de la interdependencia económica de los miembros de la familia y ha contribuido de esta manera, a que sus relaciones sean más intensas y al mismo tiempo más frágiles. Las bases del matrimonio o de la unión han cambiado, por lo tanto puesto que cada vez los individuos evalúan su matrimonio o su vida de pareja sobre la base de las satisfacciones individuales, afectivas y emocionales que les brinda, y aspectos como la interdependencia económica, el peso del grupo familiar, del medio social o de la religión se vuelven menos constrictivos para mantener dicho vínculo (Esteinou, 1996).

Tradicionalmente los sentimientos de incompatibilidad, el cambio de intereses, la injusta división de las labores o el no sentirse románticamente apegado son algunas razones para dejar que un matrimonio sea considerado más a ser una competencia de aquellos en un status socioeconómico más alto que sus parejas, mientras que las parejas con un status socio económico más bajo requieren de razones instrumentales más terribles como la violencia física, el abuso del alcohol y la falta de apoyo económico para la ruptura matrimonial (Wolcott, 1999).

Existen otro tipo de factores que influyen en la disolución conyugal sobre los que nos documenta la investigación antropológica en torno a los géneros y los estudios históricos de las familias mexicanas. Estos dan cuenta de la importancia de aspectos culturales, institucionales y de genero que influyen en las disoluciones conyugales y las difíciles condiciones sociales a las que se enfrentan las parejas (Ojeda, 2008).

Estudios sobre las razones de ruptura matrimonial desde la perspectiva de los hombres y mujeres divorciadas han proporcionado ideas socioculturales, psicológicos e históricos en el divorcio (Khojastehmehr, 2009). Por ejemplo, un estudio de William Goode, en 1948, en donde las quejas mencionadas más frecuentemente reportadas por las mujeres fueron la falta de apoyo, el consumo excesivo de alcohol y la negligencia. Veinticinco años después de este estudio, Kitson y Marvin, en 1982, encontraron que las mujeres reportaron la falta de habilidades de comunicación de su ex marido, el conflicto interno de rol de género, el sexo fuera del matrimonio, la desconfianza, inmadurez, y problemas con la bebida como sus razones para el divorcio (Khojastehmehr, 2009) Nelly (1982) encontró que las mujeres que quejaban frecuentemente de sentirse no amadas y de tener su competitividad e inteligencia menospreciada constantemente por sus maridos (Khojastehmehr, 2009). Asimismo, algunos investigadores han informado que los hombres se adaptan mejor al divorcio que las mujeres, sufren menos que éstas las consecuencias económicas del divorcio y, como consecuencia, no se ven obligados a cambiar de residencia (Yárnoz, 2008)

Por otro lado, en México, uno de los aspectos básicos a la disolución voluntaria de las uniones por separación o divorcio es la edad de la mujer al inicio de la unión conyugal.

Estudios demuestran que mujeres que se unieron antes de los 21 años tienen mayor probabilidad de disolver su unión voluntariamente en comparación con las que se unieron en edades posteriores (Ojeda, 2008). Años más tarde se reportó en otro estudio, las entrevistadas en la Ensare 2003 confirman no solo la tendencia, sino que presentan un corte de edad que sistemáticamente disminuya a aumente la probabilidad de disolución (Ojeda y González, 2008). Así, la mayor edad a la unión, menor probabilidad de disolución voluntaria. Por otro lado, el tamaño de la localidad de residencia también marca diferencias, ya que los residentes en localidades urbanas tienen mayor probabilidad de que sus uniones terminen en separación o divorcio (Ojeda y González, 2008).

MÉTODO

Se utilizó una muestra constituida por 41 participantes, de los cuales 24 corresponden a mujeres y 17 a hombres. Todos son residentes de la ciudad de México, en un rango de edad entre 25 y 65 años, También se consideraron los años que la persona tenía divorciada, esto con el fin de explorar su percepción de sus motivos de divorcio a la fecha. La regla de inclusión fue que en el momento de responder el cuestionario, los entrevistados se encontraran legalmente divorciados.

La versión final consiste en una escala auto-administrada que consta de 30 ítems. Se trata de una escala tipo Likert, que tiene las opciones de respuesta que van desde 1 totalmente de acuerdo hasta 5, totalmente en desacuerdo. Consta de cuatro dimensiones: 1) Falta de comunicación, 2) Infidelidad, 3) Problemas económicos, y 4) Violencia.

La primera es la falta de comunicación, que se define como la imposibilidad de expresar o decir mutuamente lo que sienten o lo que piensan, y para identificarla se designaron 12 ítems. La segunda dimensión es la infidelidad es la relación fuera del lazo conyugal que uno de los miembros establece con otra persona, y con quien obtiene no solamente una relación sexual, sino también una relación de tipo amorosa. Esta puede ser a corto o a largo plazo, y para identificarla se asignaron 2 ítems. Como tercera dimensión, tenemos los problemas económicos, considerado como la falta o carencia de recursos económicos dentro del matrimonio y como resultado se presentan serios problemas financieros que afectan la relación de pareja, así como se también se pueden presentar conflictos en relación al gasto y administración del dinero. A esta dimensión se le designaron 7 ítems. Y finalmente, la última dimensión es la violencia, que es el acto de abusar de la fuerza o autoridad para dañar, perturbar o agredir, ya sea física o verbalmente a la pareja. Se asignaron 9 ítems.

Instrumento

A los participantes se les entregó personalmente el cuestionario. Se les pidió que contestaran la misma con honestidad. También se les informó que los datos aportados se tratarían confidencialmente y que utilizarían de manera exclusiva con fines de investigación, y que no sería necesario escribir su nombre, ni ninguna señal que permitiera su identificación. Una vez terminada la aplicación del instrumento, se despedía al participante agradeciéndole su colaboración.

RESULTADOS

El análisis del presente trabajo tiene dos vertientes, la primera es la consistencia interna del instrumento y segunda las comparaciones de los factores de divorcio por género y por el periodo de estatus de divorciado en cohortes (1-10 y 11-27).

Con el fin de conocer la consistencia interna del instrumento, se utilizó el Alpha de Cronbach para estudiar las intercorrelaciones ítem - escala, así como su confiabilidad total. Esta permitió identificar que de los 30 reactivos que conformaron la escala original, 8 no demostraron una correlación significativa con ninguna escala, por lo cual se retiraron, y de esta forma, el total de reactivos fue de 22. Sin embargo, posteriormente los 8 reactivos que se retiraron se analizaron de forma individual.


La prueba de consistencia interna en la tabla 1, muestra el factor de problemas económicos, que constaba de 7 ítems. El Alpha de Cronbach arroja que en la correlación ítem - escala de algunos reactivos presentaban poca consistencia, por tal motivo se retiraron del instrumento los ítems 21, 22 y 30 y esta dimensión quedo conformada con los

Tabla 2 reactivos 5, 8, 18 y 24, cuya confiabilidad total fue de .72. Una confiabilidad alta. Los reactivos 21 y 22 se refieren a la incompatibilidad de estatus socio¬económico, que al correlacionarse presentaron una asociación alta. De esta forma se probó su consistencia interna, y este arroja un resultado muy favorable de .74.



En la tabla 2 encontramos que las correlaciones ítem - escala son de moderadas a altas y la escala total ítem - escala tiene una confiabilidad de .82. En esta dimensión, se retiró el ítem # 20, mismo que será analizado por separado, puesto que está relacionado con el abuso de alcohol y drogas.



Se puede observar en la tabla 3, que el factor falta de comunicación muestra una confiabilidad de .76. En esta dimensión, se retiraron los ítems 25 y 29 por su falta de consistencia. Al correlacionar estos dos ítems se forma una nueva dimensión denominada confianza

Comparación de factores de divorcio por sexo


En la tabla 4, los hombres (media = 14.11) aludieron menos problemas económicos que las mujeres (media = 12.83), esta diferencia no fue estadísticamente significativa. Para ellas, este factor como causal de divorcio es menos importante, dado que la media es menor, y recordemos que entre menos valor de media, más importante es el factor. En relación a la violencia, se observa que no hay diferencia entre las medias, pero como estas medias presentan valores cercanos al lado bajo de la escala, nos indica que el factor fue importante para decidir el divorcio, y podemos decir que era un factor de peso para ambos sexos. Además las medias indican que tanto los hombres como las mujeres señalaron la presencia de actos de violencia en su relación matrimonial.

Así mismo, también podemos observar que en falta de comunicación las medias no presentan una diferencia significativa, al igual que en el estatus socio-económico. Las medias en falta de comunicación se encuentran ligeramente por arriba del punto medio, siendo este 25, y las medias en el estatus socio - económico se encuentran por arriba del punto medio, que corresponde a 5. Las medias en el factor problemas económicos están por debajo del punto medio, siendo este el 10.

Por lo tanto, los participantes de la muestra señalan como las tres causales principales de divorcio la violencia, la falta de comunicación y los problemas económicos.

Aunque no existe una diferencia estadísticamente significativa, se observa que para las mujeres los problemas económicos y la falta de comunicación tienen más peso en la decisión del divorcio.



En la tabla 5, se observa la comparación por sexo donde se examina el papel de la infidelidad en la decisión de romper el lazo matrimonial. En la primera columna aparece el ítem # 19, que evaluaba la infidelidad de la pareja. En la segunda columna, se presentan los resultados del ítem # 26, que medía si el participante había sido infiel. Ya que la información viene del otro, se que considera como un factor de divorcio. No mostró una buena consistencia interna, debido a que los reactivos no correlacionaron entre sí y no pueden ser tomados como parte de una sola dimensión y los análisis de este reactivo se presentan en forma separada.

Las medias en relación a la infidelidad de la pareja se encuentran casi justo en el punto medio, que es 5, sin embargo, en las medias de si el participante fue infiel, están por arriba de máxima calificación para esta dimensión, que corresponde a 5. Por otro lado, también se observa que en relación a la infidelidad del cónyuge, muestra que tanto las mujeres como los hombres la señalan como una causa de divorcio, sin embargo, no perciben a la infidelidad propia como una causante de divorcio.



En la tabla 6, se muestra la comparación por sexo de las nuevas dimensiones, es decir, de los reactivos que fueron retirados de la muestra las cuales podemos encontrar que no muestran una diferencia estadísticamente significativa. Podemos observar que las medias en estabilidad económica, confianza, confirmación de expectativas se encuentran en un punto medio, siendo este 5 para todas las nuevas dimensiones. La media tanto en hombres como mujeres para abuso de sustancias esta por arriba del punto medio, que corresponde a 5.


1. F=7.62 con p=.00

2. F=3.98 con p=.05

En la tabla 9, podemos observar el análisis por cohortes de los reactivos que fueron retirados de la muestra original, así como de los 4 factores principales de este estudio. Podemos identificar que las diferencias en cohortes no son estadísticamente significativas. Las medias en los factores confirmación de expectativas de la vida cotidiana, estabilidad económica, en la dimensión que identifica si le fueron infiel, en la confianza, en la violencia, así como en la falta de comunicación, se encuentran en un punto medio, el cual corresponde a 5, sin embargo, en el factor que indican si la persona fue infiel, con una calificación máxima de 5, la media está por arriba, en el abuso de alcohol y drogas podemos encontrar que la media está también por arriba de la máxima calificación, que es 5. En estatus socio - económico, la media, de igual forma, está por arriba del punto medio, el cual corresponde a 5.

DISCUSIÓN

El objetivo general de este trabajo fue estudiar y comprender el papel de cuatro factores que llevan al divorcio en la pareja. Para ello, se realizaron cuatro tareas. La primera fue diseñar un instrumento que midiera los cuatro factores a explorar, en el cual surgieron cinco nuevos factores, que son confianza, confirmación de expectativas de la vida cotidiana, abuso de alcohol y drogas, estatus socio - económico y estabilidad económica, y por otro lado, el factor infidelidad fue divido en dos perspectivas, la primera en le fueron infiel y el segundo en fue infiel. La segunda que se persiguió fue realizar un análisis de consistencia interna del instrumento, en donde al utilizarse el Alpha de Cronbach para estudiar las intercorrelaciones ítem - escala, se pudo identificar que de los 30 reactivos que conformaron la escala original, 8 no demostraron una correlación significativa con ninguna escala y por esta razón, se retiraron. Ahora el total de reactivos fue es de 22 ítems. Posteriormente los 8 reactivos que se retiraron se analizaron de forma individual.

El tercero fue hacer una comparación por sexo del peso que los participantes otorgan a cada factor. Finalmente, como cuarto objetivo fue obtener la percepción de la importancia que tiene el periodo de tiempo de divorciado comparándolo en dos cohortes. La primera de 1 a 10 años y la segunda de 11 a 27 años, y se encontró que los participantes demostraron que no hay diferencia entre más o menos tiempo de divorciado, ya que los factores afectan de igual forma. Se diseñó un instrumento para medir los cuatro factores a estudiar, la falta de comunicación, la infidelidad, los problemas económicos y la violencia, sin embargo, la muestra, al someterla al Alpha de Crobanch nos indicó que existen otros factores que los individuos consideran de peso para divorciarse, que son la confianza y la diferencia de estatus socio - económico, la confirmación de expectativas de la vida cotidiana, que se refiere básicamente a identificar si la pareja le hacía saber cuando algo no era de su agrado a algo le molestaba y el abuso de alcohol y otras drogas.

Un hallazgo de este estudio es que los participantes no consideraron un problema de comunicación cuando su pareja no le hace saber que algo le molesta o no está de acuerdo, simplemente lo catalogaron como algo diferente que se identifica como la confirmación de expectativas de la vida cotidiana en la pareja. Otro hallazgo a considerar es que la muestra nos arroja que el abuso de alcohol y drogas no se considera dentro de la dimensión de violencia, a pesar de que el INEGI en su Síntesis Metodológica de la Estadística de Divorcios (2003) indica que la dependencia del alcohol y otras drogas sí está relacionado con la violencia, ya que al hacer uso de estas sustancias el abusador minimiza su responsabilidad personal por estar en estado inconveniente.

Podemos identificar que algunos de los factores que se han venido reportando desde el siglo pasado (INEGI, 2003), estos siguen siendo razones para divorciarse, la diferencia es que en la actualidad existe una mayor apertura de género, ya que las mujeres pueden expresar los factores de su divorcio sin ser juzgadas por la sociedad, así como ahora son ellas las que demandan más el divorcio.

Dentro de los resultados, en realidad no se encontraron diferencias significativas al compararlos por sexo y esto nos hace pensar que las razones por las cuales los individuos se divorcian afectan casi de igual manera a ambos sexos. Podemos considerar que por ejemplo, una infidelidad es dolorosa para ambos, sin embargo, si se encontraron diferencias significativas en la comparación por cohortes, ya que la muestra nos arroja que cuando se tiene más años de divorciados, se concede más importancia a la falta de comunicación, a la violencia y los problemas económicos.

Wolcott (1999) menciona que todos los estudios que hablan de ruptura de relaciones indican que en realidad no es solo uno el factor por lo cual las parejas se divorcian, sino que son muchos los factores que podrían haber dado lugar al divorcio. También Thompson (1960) nos dice que en algunos matrimonios son varias las circunstancias que hacen que la relación se deteriore, sin embargo, hay otras que hacen que estos problemas fortalezcan sus lazos. Y en este estudio podemos ver que así como se identificaron cuatro factores, surgieron dos más, que son la confianza y la diferencia de estatus socio - económico.

Es por esta razón que podemos considerar que si en un estudio relativamente corto por la escasa población a la cual se aplicó, así como por haber sido un instrumento de solo 30 ítems, surgieron dos factores más que ya se mencionaron, es posible pensar que las causas por las cuales la parejas se divorcian son indeterminadas.

El fenómeno del divorcio, evidentemente puede tener implicaciones psicológicas en las personas que lo padecen, y estos cuatro factores que hemos analizado son simplemente una pequeña muestra de lo que puede desencadenar el divorcio, ya que como lo hemos comentado, las razones para divorciarse son infinitas, y en cada pareja son diferentes.

El impacto psicológico no solo es por el hecho de divorciarse, sino también por el haber pasado por situaciones tan complejas y dolorosas durante la vida de matrimonio, habiéndose destruido el amor, la ilusión, el compromiso con la persona con quien en un inicio se creó un lazo que se pensaba irrompible. Es así como si partimos de lo explicado por Sánchez Sosa (1997) el malestar y sufrimiento son inherentes al deterioro en las relaciones de pareja, el conflicto y la separación conyugal suelen constituir componentes de problemas más amplios y complejos tales como problemas sociales y de salud pública, en la medida en que interactúan con o potencian a otros problemas del comportamiento, presentando efectos dañinos sobre el individuo, su familia y la sociedad.

Dentro de las propuestas para mejorar este estudio, está la opción de complementarlo con una investigación cualitativa, ya que el instrumento solo se refería a cuatro factores en específico, y esto solo permite identificar a los factores como parte de un todo. En una investigación cualitativa, se podría identificar cual factor es el predominante en cada pareja y así explorar a fondo las razones de su divorcio, lo cual no se puede identificar a profundidad por medio de la investigación cuantitativa, ya que el único contacto que se tiene con los participantes es por medio de los cuestionarios.

Una limitante importante es que la muestra fue aplicada solo a 41 participantes, y esto nos permite tener una visión corta. Para mejorar el estudio, la muestra debería ser aplicada a una población mucho más grande, así como aplicarlo a un mismo número de mujeres que hombres, ya que esta fue aplicada a 23 mujeres y a 17 hombres.

Por otro lado, en el instrumento no se preguntó el tiempo de casado y es por esa razón no se pudo hacer una investigación un poco más extensa para identificar si los factores que se describieron en este estudio eran causantes de divorcio en relación a la duración del matrimonio, ya que probablemente en un corto o largo periodo de casado, estos factores afectan de forma diferente.

Evidentemente, el divorcio en algunas ocasiones, es inevitable, pero como lo sugiere Rincón (1994), menciona algunas características que pueden hacer que la pareja sea más propensa al divorcio, como lo es contraer matrimonio antes de los 21 años de edad, debido a que los cónyuges probablemente no están preparados para llevar una vida de matrimonio, otra característica es tener una religión diferente a la del cónyuge, contar con la desaprobación de los padres y amigos de la pareja, así como contraer matrimonio por causa de un embarazo. Todas estas circunstancias pueden servir como una alarma en que algo podría salir mal en la vida de casados.

También Napler (1994) establece que hay ciertos patrones que llevan al divorcio, en donde uno de los cónyuges busca cercanía y reafirmación, incrementando su dependencia y apego, mientras que el otro, busca separación e independencia ya que este tipo de parejas no se casan de manera accidental, sino por una necesidad de definir sus necesidades separadas en relación al otro. La ruptura de parejas en muchas ocasiones se debe a que el hombre, desde pequeño es educado como un elemento activo que abandona el hogar, y esto puede estar ligado en el futuro de la pareja con la violencia y la infidelidad, mientras que la mujer raramente se aleja del compañero y los hijos (Garza, 2006).

Para los terapeutas quienes trabajan con parejas divorciadas, esta investigación puede ayudar a identificar cuáles son los principales factores de la separaciones, y porque se dan, sin embargo, todo dependerá de cada historia de vida, ya que cada individuo es diferente y su divorcio es diferente también.

En conclusión, como lo menciona Ojeda (2008), el divorcio como hecho social afecta directamente a las familias mexicanas, y en este estudio hemos descrito solo 4 de los factores de divorcio que de acuerdo a un interés personal, así como a lo observado, son los causantes de un conflicto en la pareja que no fue posible resolver, y que probablemente por falta de empeño en la pareja por solucionar estos problemas, por egoísmo o por desamor se tiene como resultado un divorcio.


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