Mexico Quarterly Review

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Psicología

Un Acercamiento a los Ataques de Pánico en México


An Approach to Panic Attack in Mexico


Estela Durán Mena, Universidad de las Américas - Ciudad de México


Autor por correspondencia: Estela Durán Mena, Universidad de las Américas División de Ciencias del Comportamiento y el Desarrollo. Puebla 223, Col. Roma, México, D.F. 06700. Tel 5255-52099885. Fax 5255-55116040. E-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Resumen:

Debido a las características de la vida actual, los seres humanos se ven sometidos a una gran carga de estrés que puede producir efectos físicos y psicológicos en las personas, llegando a repercutir en áreas como la familiar, laboral o social. A lo largo del tiempo, el estrés ha sido estudiado en diversas investigaciones con el objetivo de conocer su etiología a través de teorías que expliquen las circunstancias en las que se presenta.


De acuerdo con las cifras oficiales proporcionadas por la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, en sus agencias del Ministerio Público, en 2008 se recibieron 149,117 denuncias por delitos graves, los cuales producen en los habitantes inseguridad y elevado estrés, así como emociones extremas de ansiedad y miedo, aun en quienes no han vivido situaciones de violencia.


El objetivo general de este artículo es describir las características sociodemográficas significativas de las personas con ataques de pánico que participan en este estudio. El objetivo específico es tener un acercamiento más claro a este padecimiento en relación a su etiología.

Abstract:

Due to the present-day life characteristics, human beings face a big amount of stress, which can lead the person to suffer from physical and psychological problems, affecting familiar, work-related or social areas. In the course of time, stress has been studied in various researches, whose main point is to know its aetiology through theories explaining in which the circumstances it develops.

According to the official figures given by the Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (Attorney General´s Office in Mexico City) at its Attorney General´s branches, in 2008 gathered 149, 117 complaints for felonies, which lead inhabitants to feel insecure and highly stressed; as well as extreme anxiety and fear, even on those people who have not experienced violence at all.

The main aim of the research hereby is to show the significant and sociodemographic characteristics of people taking part in this research that suffer from panic attacks. The main objective is to have a quite clear approach related to the etiology.


Palabras clave: Ataques de pánico, ansiedad, miedo a morir.


Key words: Panic attacks, anxiety, fear of death.

INTRODUCCIÓN


Debido a las características de la vida actual, los seres humanos se ven sometidos a una gran carga de estrés que puede producir efectos físicos y psicológicos en las personas, llegando a repercutir en áreas como la familiar, laboral o social.


A lo largo del tiempo, el estrés ha sido estudiado en diversas investigaciones con el objetivo de conocer su etiología a través de teorías que expliquen las circunstancias en las que se presenta. En este sentido, se siguen dos vertientes para explicar el estrés: la primera se ha centrado en describir y medir las condiciones que por lo general suelen producir estrés; por ejemplo, Hobfoll, Schwarzer y Koo Chon (1998) describieron el modelo conductual basado en estímulo-respuesta, mencionando que los estresores provienen del medio ambiente (desastres naturales, objetos, situaciones temidas), o bien, de alguna circunstancia que amenace la integridad del organismo.


La segunda vertiente evalúa las reacciones físicas y psicológicas que suelen presentarse en condiciones estresantes. Al respecto, la teoría de la homeostasis sostiene que tal proceso suele efectuarse de manera natural con el objetivo de mantener en equilibrio al organismo ante situaciones adversas en el medio ambiente; de no lograr alcanzar dicho equilibrio, genera un malestar y, por ende, estrés.


Lazarus, en 1987, intentó aclarar esta cuestión atendiendo el estrés como un concepto muy general, tal como puede ser la emoción, la motivación o la cognición, organizado en torno a los significados que el individuo otorga a las interacciones que exceden sus recursos. Es decir, mientras que lo que se mida se haga de forma explícita, es prudente entender al estrés como una entrada de información, una respuesta o una relación de tensión (Lazarus y Folkmanm, 1987).


En contraste, el término de “ansiedad” describe la presencia de reacciones emocionales tales como sensaciones subjetivas o reacciones que se derivan de una elevada actividad del sistema nervioso autónomo (Suárez, 2005).


Hernández (2005) menciona que la ansiedad patológica puede alcanzar una intensidad extrema, haciéndose persistente e intensa, y es desproporcionada a los eventos que la causan, lo cual genera conductas de evitación o retraimiento, a las que incluye entre los trastornos mentales. Zumaya (1999) la denomina también como terror o pánico; se presenta en situaciones más peligrosas, como un accidente de tránsito, frente a un asalto o una catástrofe (un terremoto, por ejemplo).


JUSTIFICACIÓN


De acuerdo con las cifras oficiales proporcionadas por la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, en sus agencias del Ministerio Público, en 2008, se recibieron 149,117 denuncias por delitos graves: homicidio, lesiones, violación, robo a transeúntes, casa habitación, negocio, bancos y transporte público, robo de vehículos, secuestro, fraude y otros. Estas cifras, lejos de bajar, se mantienen.


Estos delitos producen en los habitantes inseguridad y elevado estrés, así como emociones extremas de ansiedad y miedo, aun en quienes no han vivido situaciones de violencia. Con los elevados índices de inseguridad y delitos en la Ciudad de México, un mayor número de personas que han sido víctimas directas o presenciales de delitos percibe que su vida corrió peligro.


Los delitos cometidos en México son cada vez son más crueles y sanguinarios (el caso específico de los asesinatos o los secuestros); por ello, los casos de personas que sufren “ataques de pánico” ha aumentado significativamente y se estima, por lo tanto, un crecimiento en la incidencia en los próximos años. Lo anterior se debe a que estos ataques están etiológicamente ligados a la percepción de riesgo potencial de la vida de la persona y las situaciones de elevado estrés.


Los problemas asociados a los ataques de pánico son el diagnostico, el tratamiento y el seguimiento que se da a los pacientes.


OBJETIVOS


El objetivo general de la presente investigación es describir las características sociodemográficas significativas de las personas con ataques de pánico que participan en este estudio. El objetivo específico es tener un acercamiento más claro a este padecimiento en relación a la etiología: ¿A qué se deben los ataques de pánico?, ¿cómo se van desarrollando y haciendo más intensos?, ¿por qué se presentan y por qué se mantienen? ¿En qué tipo de condiciones se dan con más frecuencia?


SITUACIÓN ACTUAL DE LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN MÉXICO


Los datos más recientes registrados en la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (Medina-Mora y cols., 2003) concluyeron que el trastorno de pánico es uno de los más prevalentes y más crónicos y que su edad de inicio, con el tiempo, se vuelve cada vez más temprana.


En la ciudad de México, según Sandoval (1998), el trastorno de pánico tiene una prevalencia durante la vida del 1.2% en los hombres y 2.5% en las mujeres, con una frecuencia mayor en los sujetos con una edad comprendida entre los 25 y los 34 años. Además el 0.2% de los hombres y el 0.6% de las mujeres han presentado este trastorno en los últimos 12 meses, lo cual aporta un dato muy interesante: el trastorno es más frecuente en hombres solteros y mujeres casadas con un promedio de escolaridad de entre siete y nueve años.


Dado que el trastorno de pánico se acompaña de ciertos síntomas y trastornos físicos específicos, los pacientes que lo padecen por lo general acuden frecuentemente a la consulta de medicina general, en lugar de acudir a la unidad psiquiátrica. En este sentido, la frecuencia de los ataques de pánico es de 3.2% en mujeres y de 1.3% en hombres. En la unidad de cuidados primarios, del 3 al 8% de los pacientes sufren ataques de pánico, lo cual es un porcentaje mayor o similar al de otros trastornos físicos comunes. De hecho, en los pacientes que presentan síntomas neurovegetativos, se ha encontrado que sólo el 10% de éstos obedece a una causa física y que, a pesar de la alta prevalencia de pacientes con ataques de pánico, frecuentemente no se les detecta; por lo tanto, no reciben el tratamiento adecuado (Garnica y Sandoval, 1999).


La Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2000) sostiene que, en el 10% de la población que padece trastorno de pánico, éste se deriva de las consultas de salud mental; entre el 10 y el 30% de patología vestibular, respiratoria y neurológica, y el 60% de los casos con eventos coronarios, en los centros de asistencia general. Por lo anterior, durante los últimos años se ha producido un alto interés, no sólo por el estudio específico de los ataques de pánico como fenómenos psicopatológicos propios, sino porque también suelen estar presentes en la mayor parte de trastornos de ansiedad y en la depresión.


Se concluyó que el 83% de pacientes de cada categoría diagnosticada con trastorno de ansiedad y de depresión mayor admitió haber experimentado un ataque de pánico en su vida.


PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA


El trabajo clínico en el Centro de Psicoterapia Breve e Hipnosis, durante los últimos 10 años, ha permitido identificar un incremento en la frecuencia de los ataques de pánico, situación que coincide con los datos epidemiológicos sobre este trastorno en nuestro país en la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (Medina- Mora y cols., 2003). Las personas que los padecen refieren que éstos se presentan súbitamente, “aparentemente de la nada”, y generalmente con la siguiente sintomatología: taquicardias, sensación de asfixia, opresión en el pecho, intensas descargas de adrenalina, vértigo, un fuerte miedo a morir o a perder la razón, entre otros.


Los ataques de pánico pueden confundirse con padecimientos diversos, propiciando diagnósticos neurológicos, cardiovasculares, gástricos e incluso psiquiátricos, entre otros. Por lo tanto, es común que los especialistas soliciten a los pacientes realizarse un sinfín de estudios médicos y de laboratorio, por lo general costosos, para concluir finalmente que todo está bien y en orden con el paciente, descartando el origen orgánico de la sintomatología.


De cualquier manera, muchos pacientes son sometidos a tratamientos médicos -la gran mayoría de índole farmacológica- con resultados mínimos o con mejoras de corta duración. Esto provoca que los síntomas aumenten su intensidad de manera exponencial, llegando a prácticamente incapacitar a la persona que los padecen.


MÉTODO


Se llevó a cabo un muestreo selectivo con 30 participantes.


Criterios de inclusión: pacientes que acudan al Centro de Psicoterapia Breve e Hipnosis y que, al ser evaluados con un Inventario de Síntomas de Ataques de Pánico (ISAP), se identificaron con elevadas probabilidades de presentar ataques de pánico. Los pacientes también cubrieron los siguientes criterios:


1) Presentar al menos 50% de los síntomas referidos en el inventario de síntomas.


2) Haber ido al menos con un médico que haya encontrado padecimientos físicos (al ser una enfermedad psicosomática).


3) Al realizar la entrevista, haber tenido una experiencia cercana relacionada con la percepción de muerte.


Criterios de exclusión: pacientes que estuviesen recibiendo otro tipo de apoyo psicoterapéutico.


El Inventario de síntomas de Ataques de Pánico (ISAP) es una herramienta de elaboración propia diseñada para diagnosticar correctamente los ataques de pánico y crear una intervención psicoterapéutica utilizando las estrategias de hipnosis y programación neurolingüística para su tratamiento.


Para reclutar a los participantes, se hizo una convocatoria en varias estaciones de radio a través de una serie de entrevistas con el tema de ataques de pánico, a fin de invitar a personas que quisieran participar en la investigación, siempre y cuando se identificaran con la sintomatología descrita en la entrevista. Las estaciones en las que se llevaron a cabo fueron: Radio Centro, Radio Red, Imagen y Grupo Acir.


A las personas que se pusieron en contacto después de la divulgación en la radio se les asignó una cita para darles la bienvenida y otorgarles el consentimiento informado para su revisión. Una vez que aceptaron participar, se dio inicio a la terapia.


Dicho tratamiento fue diseñado en forma grupal 5 pacientes por cada grupo. La terapia incluyó hipnosis y programación neurolingüística.


ESCENARIO DE LA INVESTIGACIÓN


El Centro de Psicoterapia Breve e Hipnosis, en uno de los consultorios con dimensión de 3 x 6 metros, con sillones reclinables para la comodidad del paciente al momento de hacer los ejercicios de hipnosis. Se llevó a cabo una selección por conveniencia.


RESULTA DOS PRELIMINARES


Características sociodemográficas de los participantes


» Participaron 30 sujetos.


» El 63% fueron mujeres (19) y el 37%, hombres (11).


» Casi la mitad de participantes eran casados (47% = 14), en porcentaje no mucho menor eran solteros (40% = 12) y, en menor proporción, divorciados (10% = 3) y en unión libre (3% = 1).


» Una cuarta parte tenía hijos (43% = 13); el resto, no (57% = 17).


» Los grados de estudios de los participantes fueron, de menor a mayor: secundaria (13% = 4), bachillerato (17% = 5), maestría (57% = 17) y doctorado (13% = 4).


» Los participantes estaban distribuidos en los siguientes rangos de edad: de 20 a 30 años (44% = 13), de 31 a 40 años (13% = 4), de 41 a 50 años (23% = 7) y más de 51 años (20% = 6).


Estado de salud y especialistas que intervinieron en el diagnóstico


En relación a la autovaloración de su estado de salud, se encontró que los sujetos de la investigación calificaron su estado de salud como malo (= 2.23). La gran mayoría (87%) consultó a un especialista por esta razón, en tanto que el restante 13% decidió no hacerlo.


Cabe destacar que, en promedio, los participantes en el estudio tenían un diagnóstico de ataques de pánico con una antigüedad de siete años aproximadamente. Uno de los sujetos reportó un diagnóstico muy reciente (cuatro meses), mientras que otro más tenía 17 años con el padecimiento. En promedio, para tener un diagnóstico preciso consultaron al menos tres especialistas (= 2.77). Sin embargo, hubo quienes consultaron más (19%).


Los especialistas a quienes más se recurren se presentan en orden de importancia >1<:


» Cardiólogo (50%)


» Psiquiatra (39%)


» Médico general (27%)


» Gastroenterólogo (23%)


» Dermatólogo (19%)


» Neurólogo y médico internista (15%)


» Endocrinólogo (12%)


Los diagnósticos por cada uno de los especialistas que recuerdan los sujetos de la investigación se presentan, de la misma manera, en orden de importancia:


» Tensión nerviosa (27%)


» Estrés por carga de trabajo (15%)


» Depresión (12%)


» Presión arterial alta, problemas gastrointestinales y problemas de la columna, cada uno de ellos con el mismo porcentaje (8%)


Otros diagnósticos con un porcentaje menor (4%) fueron: problemas de presión arterial sin especificar, problemas en el hemisferio derecho, problemas con la tiroides, esclerosis múltiple, diabetes, dermatitis nerviosa, colitis nerviosa, problemas psicológicos, crisis de pánico, ansiedad, estrés (sin especificar su origen), que no tenía realmente nada y diagnóstico desconocido. El resto de los pacientes no recordó el diagnóstico.


Una vez establecido el diagnóstico por los especialistas consultados inicialmente, casi la mitad de ellos sugirió a los participantes del estudio que consultaran a otro especialista (46% = 12) y el resto (54% = 14) decidió no hacerlo. En orden de importancia, los nuevos especialistas recomendados por los anteriores fueron: psicólogo (75%), psiquiatra (17%), neurólogo, alergólogo y endocrinólogo, todos estos con un porcentaje similar (8%). Los pacientes se perciben inseguros en el aspecto físico (= 1.87) y emocional (= 1.83) para realizar sus actividades cotidianas.


A manera de antecedente de su estado de salud, los pacientes revelaron cierta frecuencia en el hecho de tener algún pariente que hubiera sufrido fuertes crisis de ansiedad (30%) o de miedo extremo (23%).


Etiología


Los participantes del estudio mencionaron que, a lo largo de su vida, se han visto expuestos a más de dos estímulos o eventos amenazantes en su vida (= 2.43). Hubo quienes, en el otro extremo, habían pasado hasta por ocho eventos de esta naturaleza.


Los eventos más frecuentes y el tiempo en que acontecieron fueron:


» Delitos, principalmente asaltos y secuestro (40% = 12), con un tiempo promedio de ocho años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 13 años.


» Haber perdido a alguna persona significativa, principalmente familiares cercanos (40% = 12), que en promedio tenía 16 años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 30 años.


» Accidentes que implicaban vehículos (33% = 10), que en promedio tenían 14 años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 33 años.


» Enfermedades diversas como cáncer, problemas del corazón, diabetes, esclerosis múltiple, fibromialgia y tumor cerebral (33% = 10), que en promedio tenían 8 años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 18 años.


» Haber presenciado la muerte de algunas personas, principalmente familiares cercanos (20% = 6), que en promedio tenía 10 años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 13 años.


» Haber sido víctima de algún desastre natural, principalmente el terremoto de 1985 (40% = 5).


» Haber presenciado alguna revuelta, principalmente peleas callejeras (10%, n=3), que en promedio tenía 10 años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 10 años.


» Algún otro evento, principalmente incidentes de vuelo (50%, n= 15), que en promedio tenía 9 años de haber ocurrido y un tiempo máximo de 40 años.


CONCLUSIONES Y DISCUSIÓN


Es importante señalar que en le presente artículo, tan solo se encuentran resultados preliminares de una investigación relacionada con Los Ataques de Pánico en México.


Los ataques de pánico están relacionados con eventos emocionales intensos ante un suceso experimentado como traumático (Carbonell, 2002) que puede sobrepasar los límites de la respuesta adaptativa a nivel celular (Robbins y Cotran, 2008). A nivel psicológico, causan ansiedad, activan en el individuo una serie de síntomas psicofisiológicos y lo ponen ante una situación de enfrentamiento o huída (Seyle, 1956).


La ansiedad es una mezcla de emociones y cognición. Fusiona el esquema excitante de la respuesta a la emergencia con el conocimiento de la amenaza. Las formas que toma la ansiedad son múltiples, dado que expresa una compleja mezcla de eventos cognitivos y físicos, cualquiera de los cuales puede ponerse de manifiesto en forma prominente, y aparecer como síntomas clave.


Uno de los aspectos más relevantes de la presente investigación es el relacionado con la presencia de los ataques de pánico “sin causa aparente”, como lo señalan algunos especialistas (Perugi, Frare y Toni, 2007; Elizalde, 2006; Zumaya, 1999; Hernández, 2005). Esta frase incluso es confirmada por los propios pacientes al referirse a su experiencia, ya sea real o imaginaria, donde, al relatar su padecimiento, justamente así describen la presencia de un ataque de pánico: “Se presenta de forma súbita y aparentemente de la nada (Pérez, 2000).”


Los ataques de pánico no surgen “de la nada”, sino que tienen un origen psicológico, una situación que ha vivido el individuo donde se vio seriamente amenazada su vida, su integridad o la de un ser muy cercano.


Dicha amenaza queda guardada en el inconsciente de los pacientes, con todos los componentes preceptúales del momento original de la situación amenazante. Más adelante, la persona detecta algún estímulo perceptual similar al del momento de la amenaza y se detona la reacción emocional, física, cognitiva y conductual del momento original. Este estímulo se vuelve un ancla (Bandler y Grinder, 1985) que puede ser identificada o ser completamente desconocida. Después, la persona que empieza a desarrollar los ataques de pánico asocia lugares o situaciones en donde éstos se detonaron y se convierten en nuevas anclas, en esta ocasión identificadas plenamente por la persona; entonces, comienza un proceso de evitación a esas situaciones o lugares, con lo cual la persona puede llegar a realmente incapacitarse.


Por lo tanto, se ha encontrado que la etiología de los ataques de pánico se identifica plenamente con un amplio componente psicológico, no necesariamente fisiológico; sin embargo, es muy fácil confundir este trastorno con alguna enfermedad somática por su intersección con la sintomatología física que se manifiesta: elevación de la frecuencia cardiaca, dolor de pecho, falta de aliento, debilidad para caminar, vértigo, mareo o desmayo. Estos síntomas se presentan exactamente de la misma forma bajo el concepto biomédico de disautonomía, la cual se refiere a un grupo de trastornos provocados por un mal funcionamiento del sistema nervioso autónomo (Biddle et al., 2008; DSM-IV, 1995; Perugi, Frare y Toni, 2007).


La imprecisión en el diagnóstico por parte de los especialistas se encuentra asociada, entre otras cosas, a que los pacientes describen desde su propia experiencia la enfermedad que padecen en toda una gama de síntomas que activan el sistema nervioso; esto genera reacciones como sofocación, opresión en el pecho, desasosiego, elevación de la frecuencia cardiaca, opresión o malestar torácico, vértigo y acidez estomacal, entre otras (Virues, 2005; DSM-IV; Perugi, Frare y Toni, 2007), sensaciones parecidas a las experimentadas al momento de tener un ataque cardiaco. Por ello, es común que terminen visitando a un cardiólogo (Robbins y Cotran, 2008), que utilicen los servicios de medicina general (Garnica y Sandoval, 1999), del gastroenterólogo (Kennedy y Schwab, 1997) y, en menor proporción, que busquen asistencia psicológica.


Finalmente, con respeto al campo de actuación profesional de los psicólogos y médicos especialistas, se requiere que éste sea más preciso y comprometido en poseer conocimientos y competencias indispensables para cumplir con las funciones de investigación, prevención y rehabilitación, fundamentalmente, con especial énfasis en la investigación sobre qué y cómo las variables psicológicas facilitan o dificultan la práctica de los instrumentales de riesgo o de prevención, con el objeto de prevenir una enfermedad y promover la salud.


He aquí el gran reto al que se enfrentan los profesionales de la salud a quienes acuden generalmente los pacientes con este tipo de padecimientos: llevar a cabo un buen diagnóstico, diseñado para darle al paciente, en el menor lapso posible, el tratamiento adecuado para reducir los síntomas de los ataques de pánico, tanto a nivel físico, que es el que más retroalimenta el trastorno, como el emocional, el cognitivo y el conductual.


Referencias:

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3. Biddle D, Carrera M, Herrán A, Ayestarán A, Ramírez M, Rodríguez B, Hoyuela F, Fernández O, Higuera A y Vázquez J: Estudio de fases tempranas del Trastorno de Angustia. Norte de salud mental 2008; 30, 32-38.

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5. Elizalde V: El trastorno de pánico. Tesis de licenciatura, México, Facultad de psicología, UNAM, 2006.

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